Un encuentro de miedo

Un encuentro de miedo: Este fin de semana es Halloween. Una fiesta importada desde Estados Unidos, con la que en lo personal no me identifico para nada, pero que ha adquirido cada vez más presencia en nuestro país. Disfraces de brujas y zombies, niños tocando puertas y pidiendo dulces bajo amenaza de pegarle un chicle al timbre, murciélagos de juguete y calabazas sonrientes son parte de la fauna que nos invade por estos días, constituyendo una curiosa manera de combinar nuestros miedos ancestrales con nuestras certezas comerciales.

Pero si de miedos ancestrales se trata, los fenómenos astronómicos han sido fuente de cientos de ellos, capturado la imaginación y los miedos de nuestros congéneres. Toda perturbación al aparente orden cósmico ha sido tradicionalmente vista como hechos malignos de los que nos debemos proteger. Entre ellos, destacan con claridad los cometas, que por milenios fueron considerados malos augurios. Así que resultó muy oportuno, considerando las lúgubres festividades que se nos aproximan, que la semana pasada un cometa, uno de esos legendarios mensajeros de calamidades, se aproximara provocadoramente al planeta Marte, el dios de las calamidades bélicas, y a sus dos satélites, los hermanos Phobos (el miedo) y Deimos (el terror), hijos de Marte por cierto.

Aquelarre cósmico

En efecto, el 19 de octubre recién pasado, el cometa Siding Spring (llamado así en honor al observatorio australiano en el que fue descubierto) pasó apenas a 140 mil kilómetros de Marte. ¿Apenas? ¡Sí, apenas! Poquito más de un tercio de la distancia entre la Tierra y la Luna. Este hecho permitió que el evento tuviera una gran repercusión mediática, ya que en este momento hay diversas sondas sobre la superficie del planeta rojo o en órbita alrededor de él, sondas que pudieron presenciar el espectáculo en primera fila, y enviar imágenes, literalmente, de otro mundo.

Pero además, la inusualmente corta distancia a la que pasó este trozo de roca y hielo –que otrora hubiera sido considerado demoníaco– de estos otros tres cuerpos –que recuerdan con sus nombres a tres deidades vinculadas al horror–, nos recuerda de manera nada sutil un temor que sí deberíamos abrigar, y que es completamente científico: la posibilidad de que algún día el Armagedón abrace nuestro planeta, en la forma de una devastadora colisión con un asteroide o un cometa.

La verdad, la Tierra ha sido y es permanentemente bombardeada por piedras celestiales, pero la mayor parte de los eventos son inocuos, ya que involucran trozos muy pequeños, que se encienden debido a la fricción con la atmósfera, desintegrándose mucho antes de llegar a la superficie. Incluso pueden ser un bello espectáculo, cuando los trozos son más grandes, haciendo que la bola de fuego sea visible… Es lo que llamamos tradicionalmente estrella fugaz.

Sin embargo, no todos las rocas que orbitan nuestro Sol son pequeñas, y en principio alguna de las más grandes podría impactar la Tierra. De hecho, ¡ha ocurrido! En la costa de la península de Yucatán, en México, se encontró un gran cráter, el Chicxulub, que de acuerdo a la evidencia fue formado por el impacto de un gran asteroide, hace unos 66 millones de años. Que es, aproximadamente, la época en que ocurrió la gran extinción de especies en la que sucumbieron, entre otros, los dinosaurios.

– post completo en: http://macul.ciencias.uchile.cl/blog/?p=634

– por Víctor Muñoz. Ondas de Blog

– Tags: astronomía, cometa, Marte, Siding Spring –

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