¿Te parece rara la relatividad? Prueba sin ella

¿Te parece rara la relatividad? Prueba sin ella: Es bien sabido que el sonoro fracaso del célebre experimento de Michelson y Morley, llevado a cabo en 1887, constituyó uno de los hechos que condujeron a Albert Einstein a prescindir del hipotético éter, un medio material extraordinariamente poco denso que ocupaba todo el espacio y en cuyo seno tenía lugar el movimiento de todas las entidades físicas (incluida la luz). La mecánica clásica (también denominada newtoniana, por estar regida por las leyes de Newton), que había explicado el movimiento de los cuerpos durante más de 200 años, sufrió una convulsión total con los postulados de la teoría especial de la relatividad, publicada en 1905, y, posteriormente, con las leyes de la relatividad general. Las nociones de espacio y tiempo absolutos e independientes del estado de movimiento del observador de la mecánica newtoniana se vinieron abajo completamente.

Ahora la velocidad de la luz en el vacío era una constante universal y su valor finito (tomaremos como número redondo la cifra de 300000 km/s) no dependía en absoluto del estado de movimiento del observador. Esto significa que si yo me alejo de la costa a bordo de un barco, digamos a 150000 km/s, y mido la velocidad de un rayo de luz procedente del faro y que lleva mi misma dirección, no obtendré 150000 km/s, como parecería lógico según las leyes clásicas, sino que el resultado de mi medida será de 300000 km/s; análogamente sucedería en el caso de que mi barco se desplazase hacia la costa, pues en este caso mi medida tampoco sería igual a 450000 km/s, sino 300000 km/s nuevamente. Obviamente, todos tenemos la experiencia de que cuando se consideran velocidades cotidianas, como las de las personas o los coches, por ejemplo, lo anterior no sucede, pues dichas velocidades suelen ser despreciables en comparación con la de la luz.

En la actualidad, cuando ya han pasado más de 100 años desde que Einstein enunciase las leyes de la relatividad, aún seguimos pensando que la mayoría de sus predicciones resultan, cuando menos, extrañas y, en muchas ocasiones, alejadas del sentido común. Así, podemos citar fenómenos ya tan conocidos como la contracción de la longitud de los cuerpos en la dirección de su movimiento, la distinta marcha de los relojes cuando se mueven a grandes velocidades o en presencia de campos gravitatorios muy intensos, el incremento de la masa con la velocidad, etc.

Pero en lo que no pensamos habitualmente es que las leyes clásicas o newtonianas pueden resultar igualmente extrañas en el hipotético caso de que el observador se encontrase inmerso o sujeto a un sistema de referencia animado de una enorme velocidad. ¿Qué sucedería si de repente admitiésemos que el éter existe y que la velocidad de la luz depende de la dirección y del estado de movimiento del observador, tal y como se pensaba que así era antes del experimento de Michelson y Morley? Plantearemos, a continuación, algunas cuestiones curiosas.

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– por Sergio L. Palacios. NAUKAS

– Tags: Einstein, física, relatividad –

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