Pulseras homeopáticas para bebes: un caso para el Dr. House

El consumir medicina “alternativa” conlleva casi siempre peligro, ya que nunca se sabe a ciencia cierta qué es lo que se está tomando, puesto que muchas veces estos productos no pasan por ningún tipo de control sanitario. Esto es así ya que los “medicamentos” alternativos son fabricados por cualquier chamán o desaprensivo (o ambas cosas) que sabe con total certeza que la medicina científica está equivocada y que él en su alternativa sapiencia tiene el remedio para casi cualquier enfermedad.

Y un reciente ejemplo de este peligro ha sido publicado en una nota de campo del Centro de Control de Enfermedades estadounidense. En este documento los autores indican que los servicios médicos de Manchester (Connecticut) atendieron a una niña de 9 meses de edad que posteriormente fue diagnosticada de anemia normocítica y de un nivel de plomo en sangre 8 veces superior a lo que se considera ya anormal. La niña había sido cuidada únicamente en el hogar familiar, casa que había sido construida en 1926. Por ello se procedió a la toma de muestras del domicilio, encontrándose que el interior de algunas ventanas tenía pintura desportillada basada en plomo. Sin embargo, el departamento de salud concluyó que esas mismas ventanas eran una fuente poco probable como origen de la exposición, ya que por su corta edad la niña no había podido tener acceso a ellas. Además, el hecho de que los tres hermanos mayores, con edades comprendidas entre los 3 y los 5 años, mostraran valores normales de plomo en sangre y nunca hubieran tenido problemas similares durante su etapa más infantil confirmaba dicha conclusión.

Se procedió a preguntar a los padres (al estilo de los famosos episodios de la serie Dr. House, cuyos casos siempre estaban basados en hechos reales), los cuales informaron que a la niña se le ponía de vez en cuando una “pulsera de hematita homeopática hecha a mano” que habían comprado a un artesano en una feria local, porque este objeto “servía” para combatir las molestias normales relacionadas con la dentición que presentaba algunas veces la pequeña.

Además, los padres añadieron que la niña chupaba y masticaba dicha pulsera durante esos episodios asociados a dolor bucal debido a la salida de la dentadura de leche. Por ello se procedió a analizar la composición de dicho objeto, encontrándose que las pequeñas cuentas espaciadoras entre los diversos abalorios de la pulsera estaban fabricadas con plomo. Como indiqué antes, un caso de libro para el Dr. House.

Y lo peor de todo este asunto es que es de sobra conocido desde hace mucho tiempo el peligro de envenenamiento por ingestión oral de productos que contengan plomo. En general la pintura con plomo, el polvo y el suelo contaminado son las fuentes más comunes de exposición crónica al plomo en niños; aunque los objetos de plomo han dado lugar a envenenamientos agudos. Así a principios de siglo se produjeron en EEUU varios casos de envenenamiento severo y posterior muerte por plomo vinculados al uso de bisutería fabricada con plomo que se comercializaba para niños. Ello dio lugar a avisos generales a la población y en el año 2010, las autoridades estadounidenses competentes establecieron un límite de contenido de plomo en artículos fabricados y comercializados para niños, norma que da lugar a la retirada de numerosas joyas para niños cada año, pero que no se aplica a artículos que no están destinados específicamente para ser usados por niños o en productos para niños como parece ser el caso de la famosa pulsera, que había sido vendida con una nueva finalidad “médica” además de su supuesto valor decorativo, probablemente porque así el vendedor aumentaba su precio, ya que una pulsera bonita y que además “cura” a tu bebé es más que atractiva para ese público desinformado que busca remedios “alternativos”, lejos de la siempre sospechosa medicina científica.

La ciencia y sus demonios

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