¿Por qué los zahories encuentran agua (a veces)?

Uno de los ejemplos más paradigmáticos de la superstición es la creencia en los poderes extrasensoriales, en donde los confiados exhiben los “aciertos” como prueba de la existencia de esos supuestos poderes, pero ¿qué significa que de vez en cuando el mediador de lo sobrenatural parezca atinar en sus predicciones?

Tomemos el caso particular de los zahoríes, individuos que desde la antigüedad más remota agitan sus varillas en la búsqueda del preciado elemento. Encontrar suministros estables de agua en lugares áridos ha sido una necesidad imperiosa para la mayoría de las culturas desde tiempos inmemoriales porque ello garantizaba no sólo la supervivencia directa del grupo sino que permitía la estabilidad alimenticia en las cultura agrícolas en las que hemos vivido los humanos en los últimos diez milenios. Es por ello que aquellos individuos que identificaran los mejores sitios para cavar un pozo con resultados positivos eran un valioso aporte a la comunidad. Pero ¿cómo encuentran estos individuos el agua? ¿mediante misteriosos poderes o de manera más prosaica?

En culturas rurales el zahorí suele ser una persona muy apegada al entorno, que proviene de una familia de amplio arraigo en el lugar y con otros zahoríes entre sus antecesores. Eso significa que tanto por observación directa del propio individuo como por la experiencia familiar atesorada tras décadas o incluso siglos, estos individuos inconscientemente tienen no sólo un perfecto conocimiento de la topología de la región, de las variaciones climáticas del entorno durante largos ciclos de tiempo, así como de la historia del lugar: quién, cuándo y cómo buscó (y si tuvo suerte encontró) agua en un paraje particular. Es decir, estos individuos son el equivalente a enciclopedias climáticas, depositarios de todo el conocimiento atesorado por varias generaciones de lugareños acerca del preciado bien acuoso. Por ello no es de extrañar que estas personas, independientemente del uso de palitos u otros artilugios, y aunque ni ellos mismos entiendan bien el proceso mental que les ha llevado a la conclusión, encuentren con cierta asiduidad agua en localizaciones particulares, de tal manera que para él mismo y para sus convecinos pueda parecer que el descubrimiento ha ocurrido de manera casi milagrosa. Ello es debido al más que complejo funcionamiento de nuestro todavía poco explorado cerebro, engrasado y afinado constantemente por la selección natural durante varios millones de años en la búsqueda y reconocimiento de patrones. Y por supuesto, el porcentaje de aciertos de nuestro zahorí podrá ser significativamente alto siempre y cuando pueda apoyarse en todo ese conocimiento inconsciente que ha ido atesorando a lo largo de su vida y la de sus antepasados, porque en resumen un zahorí no es más que un protoinvestigador que aplica las reglas del método científico, aunque eso si de manera muy imperfecta y rudimentaria.

Ahora bien, el problema aparece cuando nuestro protagonista, que no entiende como toma las decisiones puesto que no sabe nada de que cuando busca agua su cerebro está funcionando bajo las directrices del famoso sistema 2 de pensamiento racional que el psicólogo y premio Nobel tan acertadamente explicó en su ya famoso libro “Pensar deprisa, pensar despacio”, se acaba creyendo que tiene un don especial que le permite encontrar agua en cualquier lugar desconocido. Ahí todo su saber queda limitado a unas pocas nociones básicas de donde suele estar en general el agua, pero sin el apoyo de todos los datos su búsqueda pasa de ser algo predecible al equivalente de lanzar una estaca desde un avión y cavar el pozo allí donde haya caído.

Esto explicaría porque muchos de estos individuos se prestan de buen grado a que los escépticos pongan a prueba sus “poderes” (porque lejos de ser unos simples caraduras estafadores, en realidad estos individuos se auto engañan a sí mismos) y después se asombren sinceramente cuando el James Randi de turno les comunica que aunque les pueda parecer increíble, y a pesar de toda su experiencia, no han acertado ni una sola vez por encima del azar estadístico en la búsqueda de agua en condiciones controladas.

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