Por qué el horóscopo debería salir de los medios de comunicación

Cualquiera que, al menos, se haya asomado al mundo del periodismo y de losmedios de comunicación sabrá que el quehacer de los periodistas se debe regir siempre por los principios de la veracidad informativa y la responsabilidad social, es decir, debemos procurar en todo momento, sin bajar ni un instante la guardia, que las informaciones que transmitimos sean ciertas y que, así y promoviendo la cultura, el consentimiento informado y los valores de la democracia, nuestro trabajo beneficie a la sociedad. Porque una ciudadanía bien informada y con pensamiento crítico es políticamente competente y no entorpece el progreso sino que colabora en él.

Esa es la teoría, absolutamente correcta. Ahora vienen las dificultades: los medios de comunicación suelen asumir una línea editorial que, si sobrepasa los límites de la ceguera ideológica o de la pura decencia del periodismo para servir a sus amos, se pierden en el torrente de los embustes, las falacias y las impertinencias argumentales; también son un negocio, con intereses económicos que, en ocasiones, pueden llegar a eclipsar la ética periodística cuando se genera un conflicto informativo por hechos noticiosos que afectan a los que pagan los sueldos de la redacción; y además pueden abandonarse y dar cabida a materias aborrecibles con la excusa del interés público mal entendido.

astrología

Una de esas materias es todo lo relacionado con abordar acríticamente las pseudociencias y las supersticiones o incluso promocionarlas. Por ejemplo, si hay una sección que se resiste a salir de los periódicos, esa es la del horóscopo diario; y las madrugadas televisivas son de los magufos. Bueno, y de los jugadores de póker, la teletienda, los concursos de llamada telefónica sacacuartos y los chats de ligue, pero centrémonos en los magufos: los mismos que confeccionan el horóscopo diario en publicaciones supuestamente respetables, o sus primos hermanos, son los que barajan cartas del tarot a las tantas y le ven el futuro muy negro o de color de rosa a la piscis o al sagitario de turno en la caja tonta.

Nunca está de más explicar que la astrología, según la que se realizan las cartas astrales y los horóscopos, pretende que la situación de los astros y las constelaciones en el firmamento cuando uno nace respecto de la suya determina su personalidad y lo que le depara el futuro. Como supondréis, esto no tiene ningún sentido. Las líneas de las constelaciones, para empezar, se señalaron de manera arbitraria en tiempos remotos, o sea, que sus dibujos no son reales; la correspondencia entre dónde se sitúan los planetas, las estrellas y los satélites con cómo es una persona y cuáles serán las circunstancias de su vida no se ha probado, y los astrólogos ni siquiera son capaces de de explicar de un modo convincente cómo se llegó a creer en tal correspondencia.

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Por otro lado, la posición de los cuerpos celestes no es la misma que cuando la primera Esperanza Gracia o el primer Walter Mercado ideó esta pseudociencia hace milenios, pues los astros se van moviendo conforme pasan los siglos, el Universo se expande y las galaxias se alejan, lo que quiere decir que no es verdad que hoy nadie sea del signo zodiacal que se nos atribuye, por la simple razón de que tanto los profesionales como los aficionados a la astrología funcionan con un mapa astronómico equivocado. Y si parece que aciertan con lo que le dicen a uno sobre sí mismo, sólo se debe al efecto Barnum o Forer, a que se siente identificado por lo vagas que son las descripciones personales y futuribles, que se pueden aplicar a un montón de personas y escenarios.

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