Novedades con la Estrella de Tabby

La estrella favorita de todos sigue dando que hablar. Hablamos, por supuesto, de KIC 8462852, más conocida como la Estrella de Tabby o la Estrella de Boyajian en honor de Tabetha Boyajian, la astrónoma que lideró el grupo encargado de descubrir su anómalo comportamiento gracias a la colaboración de miles de voluntarios que analizaron las curvas de luz obtenidas por el telescopio Kepler con la iniciativa Planet Hunter. ¿Y qué hay de nuevo respecto a esta estrella? Pues por el momento no hay señales de megaestructuras alienígenas o cosas por el estilo, pero no por ello la estrella sigue siendo menos interesante.

La principal novedad es que un equipo de astrónomos, entre los que se encuentra la propia Tabby, ha confirmado que la disminución gradual de brillo de la estrella también se produce en el ultravioleta y en el infrarrojo cercano. Para ello han usado observaciones del satélite Swift (ultravioleta) y el telescopio Spitzer (infrarrojo) entre octubre de 2015 a diciembre de 2016. La disminución en estas longitudes de onda era de esperar, pero, y esto es nuevo, se ha visto que la reducción es más intensa en el visible y en el ultravioleta que en el infrarrojo. Esto significa que sea lo que sea que cause estas variaciones a largo plazo tiene que estar compuesto por partículas muy pequeñas (con un diámetro de micras). O, dicho de forma más clara, malas noticias para la hipótesis de los aliens.

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Reducción de brillo de Tabby entre 2015 y 2016 en visible, ultravioleta y en el infrarrojo (Meng et al.).

La Estrella de Tabby es famosa por sus extrañas variaciones de brillo que no se ajustan al comportamiento que se espera de una estrella de la secuencia principal —de tipo espectral F1— más grande y brillante que el Sol. Por un lado tenemos disminuciones bruscas del brillo que duran entre uno y varios días con una intensidad muy diversa (entre 0,2% y 20%). Estas variaciones son las que llamaron la atención en los datos de Kepler, ya que no se correspondían con la curva de luz provocada por la presencia de un planeta alrededor de la estrella. Pero por otro lado, y para hacer el asunto un poquito más misterioso, al mismo tiempo tenemos una variación a largo plazo del brillo de la estrella mucho más sutil. Durante la misión primaria de Kepler, entre 2009 y 2013, la estrella redujo su brillo poco a poco, aunque al final se pudo ver una disminución más acelerada de cerca de un 2% a lo largo de 300 días. La reducción total a lo largo de los cuatro años fue del 3%.

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Variaciones a corto plazo de la Estrella de Tabby (Boyajian et al.).
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Variación del brillo de la Estrella de Tabby a largo plazo según Kepler (NASA).

Usando los datos de otros catálogos estelares parece que la estrella ha estado reduciendo su brillo constantemente durante el pasado siglo en una media del 0,15% anual (es decir, su brillo se redujo 0,16 magnitudes entre 1890 y 1989), aunque hay cierta polémica sobre la validez de estos estudios. Otro equipo de investigadores ha analizado recientemente el brillo de Tabby en el visible durante los últimos once años usando el ASAS (All Sky Automated Survey) y ha llegado a la conclusión de que la estrella está haciéndose más débil a una velocidad de 0,0063 magnitudes al año, o sea, ahora es 1,5% más débil que en 2015. Eso sí, este grupo apunta a que Tabby también ha mostrado un par de episodios en los que ha aumentado su brillo temporalmente (¿?). Además, sabemos que Tabby es una de las 22 estrellas que presenta una mayor variabilidad de todas las que se hallan a su alrededor (1124 para ser exactos), por lo que estos cambios no pueden ser debidos a errores sistemáticos o factores desconocidos que influyan sobre todo el campo de visión. El cambio de brillo a largo plazo es real.

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Disminución medio del brillo de la Estrella de Tabby en el visible en los últimos once años (Simon et al.).

Como es algo que no se suele explicar en muchos medios, conviene insistir en que tenemos dos variaciones de brillo distintas que no tienen porque estar necesariamente relacionadas entre sí: una a corto plazo, errática y que puede ser muy intensa (¡20%!), y otra disminución a largo plazo que es bastante constante, aunque presenta algunos picos más intensos. ¿Cómo explicar las dos a la vez? La primera opción, que Tabby sea una estrella joven con un comportamiento díscolo típico de su edad, fue eliminada casi desde el principio al comprobarse que era una estrella de la secuencia principal corriente y moliente. Como es lógico, las principales teorías para explicar el comportamiento de la estrella pasan por invocar la presencia de un disco de material alrededor de la misma formado por grupos de asteroides o numerosos cuerpos procedentes de la colisión de planetas entre sí.

El problema es que, de ser así, se habría detectado un exceso en la emisión infrarroja procedente de Tabby, cosa que no ha ocurrido. Los datos de los telescopios infrarrojos WISE y, ahora, Spitzer, así como los obtenidos por radiotelescopios en el rango milimétrico y submilimétrico, no concuerdan con la presencia de un denso disco planetario en el que se produzcan colisiones entre cuerpos ni con la desintegración de planetas. Si la culpa de todo la tiene algún tipo de material alrededor de la estrella, este tiene que estar relativamente frío. Por este motivo desde el un primer momento se propuso que los culpables serían grandes conjuntos de cometas que tapan la estrella cada cierto tiempo. Lamentablemente, hacer coincidir la variación de la curva de luz a corto y, especialmente, a largo plazo con el modelo de familias de cometas que transitan delante de la estrella ha resultado ser una misión casi imposible.

La variación de brillo a largo plazo es la más molesta a la hora de buscar una explicación sencilla y muchos investigadores han querido deshacerse de ella con el argumento de que en realidad se trata de algún tipo de material situado entre la estrella y nosotros. Efectivamente, varios estudios han revelado que algunas variaciones de brillo vistas por Kepler, incluyendo los cambios más pequeños, podrían deberse a otros objetos situados en la misma línea de visión, como por ejemplo una nube de polvo interestelar. Pero, para sorpresa de muchos, las últimas observaciones en el ultravioleta e infrarrojo que comentábamos más arriba parecen descartar casi definitivamente que las variaciones a largo plazo de la estrella estén causadas por material interestelar. Resulta curioso que una de las hipótesis que sí podría explicar estas variaciones es que sea algún tipo de material situado cerca del sistema solar. La disminución a largo plazo es de hecho consistente con una ‘nubecilla’ de polvo en la Nube de Oort alrededor del Sol. Otros astrónomos han señalado que las variaciones a largo plazo podrían deberse al ciclo magnético natural de la estrella (el del Sol es de once años), pero esta propuesta tiene muchas dificultades teóricas.

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Post completo en:  Daniel Marín. Eureka. Naukas

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