Nota dominical: Julio Palacios Martínez y los antirrelativistas de la España franquista

Uno de los grandes problemas de la teoría de la relatividad es que mucha gente no entiende la conexión entre física y matemáticas en dicha teoría. Mucha gente abusa de las fórmulas matemáticas de la teoría, olvidando el problema físico a partir del cual fueron derivadas, o juegan con estas fórmulas como si cualquier cosa que se derivara de ellas fuera verdad, cuando no es cierto. Cada fórmula relativista derivada para explicar un problema físico concreto es válida solo en dicho problema. Su uso en cualquier otro problema puede ser incorrecto y llevar a contradicciones con otras fórmulas. Un ejemplo muy famoso en mi ciudad, Málaga, es “La diatriba de Juan Alberto Morales contra la transformada de Einstein-Lorentz.”

Mucha gente olvida que la teoría de la relatividad necesitó muchos años para ser aceptada por toda la comunidad científica española (físicos, matemáticos y astrónomos). En la España franquista destaca la prolongada crítica a la teoría de Einstein por parte de Julio Palacios Martínez (1891-1970), principal figura de la Física en España en la primera mitad de la dictadura (habiéndose exiliado la mayoría de sus colegas más capaces). Palacios intentó establecer una teoría alternativa a la de Einstein, que salvase las concepciones newtonianas del espacio y el tiempo. Por supuesto, Palacios fue una excepción y gran cantidad de científicos españoles se aproximaron a la relatividad en los años de la dictadura aceptándola sin crítica. La “cruzada antirrelativista” de Palacios logró muchos apoyos entre científicos, pero también fuera del terreno científico. Lo prueba la gran extensión de su obra sobre relatividad, que presenta sus nuevas ecuaciones de transformación entre sistemas de referencia inerciales, la paradoja de los relojes, el espacio y la geometría, las constantes de la Naturaleza, la teoría de la Gravitación, la dinámica relativista, el intento de recuperación de las acciones a distancia y el éter, la influencia del análisis dimensional en su postura, etc. Para los interesados en una discusión detallada les recomiendo la lectura del cuarto capítulo de la tesis doctoral de Pablo Soler Ferrán, “La teoría de la relatividad en la física y matemática españolas: Un capítulo de la historia de la ciencia en España,” dirigida por Andrés Rivadulla Rodríguez y presentada en la Universidad Complutense de Madrid, 2009. Permíteme un breve resumen.

“El experimento de Kantor consiste en separar un rayo de luz colimada mediante una lámina semitransparente. Estos dos rayos, por sistemas de espejos, se hacen incidir en direcciones paralelas y sentido opuesto sobre otras láminas de vidrio que están montadas en un disco giratorio. Según la teoría de Einstein el movimiento de estas laminas no debe producir una alteración apreciable en las franjas de interferencia. Es decir la luz no debería tardar más tiempo en atravesar las láminas móviles cuando éstas se mueven en el mismo sentido que el rayo luminoso que cuando se mueven en sentido contrario y en definitiva, no debe haber alteración de las franjas de interferencia. En el experimento se apreciaron alteraciones de las franjas de interferencia, lo que invalidaría la constancia de la velocidad de la luz y, por lo tanto la teoría de Einstein que postula la independencia de la velocidad de la luz con la fuente emisora.”

Según Palacios, “lo averiguado por Kantor basta para desechar la fórmula einsteniana de composición de velocidades. Estamos ante la necesidad de elaborar una nueva teoría sin base experimental suficiente y lo que procede es idear hipótesis de trabajo que permitan planear nuevos experimentos.” Aunque también reconoce a regañadientes que “el experimento de Kantor no tiene, ni con mucho, el grado de precisión logrado por Michelson en sus experimentos, por lo que debe ser acogido con cautela mientras no se repita y confirme.” Palacios parece olvidar que la relatividad es quizás la teoría científica más sometida a prueba y refutación de la historia de la Ciencia. Aún así, afirma que todos los experimentos de gran precisión de la relatividad “si bien no la contradicen, no puede considerarse como una prueba.”

Antes de continuar, me gustaría hacer un inciso con un par de puntos.

El primero, no es fácil verificar las leyes físicas de forma directa con gran precisión, por ejemplo, la ecuación de Einstein E=mc². Pruebas indirectas hay muchas, pero una prueba directa no es fácil de lograr. La primera vez que se logró fue en 1932 (recuerda que la famosa fórmula de Einstein es de 1905), gracias a un equipo británico que bombardeó con protones un objetivo de litio que se desintegró liberando núcleos de helio a gran velocidad. Midiendo la energía de estos núcleos y comparando la diferencia de masa entre los núcleos de litio y los de helio, los investigadores demostraron que la ecuación “funcionaba,” pero con un margen de error grande. No fue hasta 2005 cuando científicos del MIT, NIST e ILL (Institut Laue-Langevin, Genoble, Francia) lograron la prueba directa más precisa jamás de la fórmula más famosa de la ciencia (el logro se publicó, como no, en Nature, “A direct test of E=mc²“). Se demostró esta fórmula con un error menor de 0,00004%, es decir, 1-Deltamc²/E=(-1,4 plusminus 4,4) times 10-7. Puede parecer mucho, pero no es demasiado, dada su importancia capital en la teoría de la relatividad.

El segundo, hasta 1967 no empezó una tímida labor investigadora en España sobre cuestiones directamente asociadas a la relatividad. La aportación más trascendental de científicos españoles en los años del franquismo fue la labor de investigación sobre relatividad llevada a cabo por licenciados españoles en física y becados en Francia para realizar estudios de doctorado en el país vecino, como Lluis Bel, Alfonso Capella y Lluis Mas (más resultado de la comunidad francesa que de la española). La contribución más importante a la relatividad entre los físicos españoles es la de Lluis Bel, el “padre” de los relativistas españoles, que tuvo reconocimiento internacional por su aportación original sobre radiación gravitatoria y el establecimiento de un nuevo tensor usado en relatividad general. La comunidad relativista española nació alrededor de 1970, destacando físicos como Jesús Martín, Ramón Lapiedra, Lluis Mas, Enrique Álvarez, José Manuel Sánchez Ron, Gracia Bondía, Goded Echeverría, Joaquin Olivert, etc, protagonistas destacados de los Encuentros Relativistas Españoles que se iniciaron en 1977.

A la hora de continuar, conviene poner en contexto quién era nuestro “cruzado antirrelativista.”

Julio Palacios fue un buen ejemplo de la generación de científicos que formaron “La Edad de Plata” de la ciencia española en el primer tercio del siglo XX. Se doctoró en Madrid en 1914 bajo la dirección de Blas Cabrera y obtuvo la cátedra de Termología en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Madrid. Trabajó en Leiden con el premio Nobel de Física Kamerlingh Onnes y asistió a cursos de física teórica impartidos por el mismo Lorentz. Junto a Blas Cabrera, Miguel Catalán y Arturo Duperier, Julio Palacios forma parte del grupo de físicos españoles más destacadas de la primera mitad del siglo XX. Su labor más prolífica en cuanto a artículos originales de física experimental se produce en los años 1920 y 1930, con los que obtiene reconocido crédito internacional. Fue presidente de la Soc. Esp. Física y Quím. en los años 1920 y su obra “Análisis Dimensional” marcó un hito en la producción científica española al publicarse en inglés y en francés. Pero la Guerra Civil supuso el colapso de la física experimental en España. Palacios, monárquico y católico convencido, se mantuvo aislado en Madrid. En la postguerra, exiliado Cabrera, Palacios se convirtió en la principal figura de la Física en España, llegando a presidente de la R. Acad. Ciencias de Madrid en los años 1960. Muy famoso en su tiempo, llevó su “cruzada antirrelativista” incluso a la prensa diaria, con bastantes artículos en ABC desde 1955 hasta 1968.

Palacios llamó a su alternativa a la teoría de Einstein con el pomposo nombre de “Nueva Teoría” (aunque se radicalizó en 1968 y cambió el nombre por “Nueva Dinámica Antirrelativista”). Su idea era modificar la mecánica clásica newtoniana para obtener los mismos resultados que Einstein, pero sin cambiar la noción de tiempo absoluto. Como suele ser habitual entre los críticos a teorías bien establecidas, siempre se “sintió aislado” de la comunidad internacional por sus ideas, pasando de utilizar su “realismo ingenuo” para tratar de “entender” la teoría de la relatividad a intentar desprestigiar a Einstein por cuestiones de prioridad y autoría.

Su producción científica sobre su “nueva teoría” en medios extranjeros fue muy parca, algo de lo que se quejaría con cierta “amargura”. En Il Nuevo Cimento, revista de la Sociedad Italiana de Física, publicó dos artículos, aunque uno de ellos relacionado con el problema de las constantes universales y sin crítica explícita a la relatividad (“Las constantes universales de la Física,” 1957). En Electronics & Power también publicó pero en el marco de una polémica entablada sobre la relatividad entre varios colaboradores habituales de la revista. En la revista española más importante, Anales de Física, tampoco publicó mucho, solo cuatro artículos (en contraposición a la gran cantidad que publicó en los años 20 y 30 sobre física experimental). Por supuesto, publicó decenas de artículos en “su revista” (Revista de la Real Academia de Ciencias).

Como es habitual entre los antirrelativistas, su nicho natural eran las revistas de contenido cultural o filosófico, sin manejar formalismos matemáticos, como Arbor (una revista de información sobre temas culturales y científicos publicada por el CSIC), Atlántida (revista de temas culturales y de inspiración religiosa), Crisis (Revista Española de Filosofía), así como varias entradas en la enciclopedia Durvan.

Quizás conviene exponer el contexto franquista del desamor de Palacios por Einstein.

“Los resultados de los esfuerzos del régimen franquista por retrasar el reloj en la ciencia fueron desiguales. Darwin y Freud fueron prácticamente prohibidos. La biología se enseñó como si la teoría evolucionista no existiese y la teoría psicológica se tomó de seguidores de segunda fila de Kraepelin. En física experimental, la óptica (un tema del siglo XVII por excelencia) se convirtió en el principal foco de la investigación en los años 1940. La Falange reeditó el tratado antirrelativista de Félix Apraiz que había aparecido originalmente en 1921. Las revistas eclesiásticas que se habían mostrado antirrelativistas antes de la Guerra Civil siguieron después en la misma línea. Así, Razón y Fe publicó un largo artículo de Luis Prieto en 1941 que confundía la relatividad con el relativismo, reiterando y extendiendo las críticas de Pérez del Pulgar respecto de la velocidad de la luz e insistiendo en que la relatividad era simplemente un artificio de medida, un efecto aparente totalmente divorciado de la realidad física.”

La noticia de la muerte de Einstein conmovió al mundo y, como es natural consecuencia, renació la curiosidad por conocer las portentosas ideas de Einstein. Con ello han vuelto las viejas discusiones y todo parece indicar que la teoría relativista ha entrado en un periodo de crisis del que difícilmente podrá salir ilesa. Por ello, “los autores antirrelativistas encontraron en la España de los años 1950 y 1960 una atmósfera favorable para la publicación de sus contrateorías.” En el número de Physicalia dedicado a Einstein con motivo de su muerte escribe Palacios “En nuestra condición múltiple de físicos, de españoles y de católicos, no podemos ofrecer a Einstein como un modelo para el hombre medio de las generaciones futuras, pero sí hemos de recordar y alabar las innumerables facetas excepcionales que hubo en su vida.”

La “nueva teoría” de Julio Palacios.

No es fácil resumir la teoría de Palacios ya que se desarrolló a lo largo de muchos años y en multitud de escritos, incurriendo en varias ocasiones en contradicciones consigo mismo. Tras la muerte de Einstein en 1955, Palacios escribió un artículo en la revista Physicalia titulado “¿Se puede entender la teoría de la relatividad?” En su opinión era imposible entender “las abstrusas ideas de dicha teoría” a la que calificó de “absurda” y “lo absurdo no puede ser admitido como resultado de la Creación.” Sus críticas iniciales se centraron en la llamada “paradoja de los relojes” (hoy más conocida como la “paradoja de los gemelos”), a raíz de la polémica suscitada en la revista Nature. El origen es el artículo de W. H. McCrea, “The Clock Paradox in Relativity Theory,” Nature 167: 680-680, 1951, fuertemente criticado por Herbert Dingle, “Relativity and space travel,” Nature 177: 782-784, 1956, réplica de W. H. McCrea, contrarréplica de H. Dingle. Resumiendo mucho, para Dingle la paradoja de los gemelos era una demostración clara de que la relatividad especial de Einstein era una teoría incorrecta, opinión opuesta a la de McCrea y el resto de la comunidad científica.

Post completo en: Naukas

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