La vida olvidada de la primera esposa de Einstein

El 19 de diciembre, se conmemora el 141 aniversario del nacimiento de Mileva Mari? Einstein. Pero, ¿quién recuerda a esta brillante científica? Mientras que su marido, Albert Einstein es célebre por ser quizás el mejor físico del siglo XX, una pregunta sobre su carrera sigue siendo: ¿Cuánto contribuyó su primera esposa a su innovadora ciencia? Aunque nadie ha sido capaz de darle crédito a ninguna parte específica de su trabajo, sus cartas y numerosos testimonios presentados en los libros dedicados a ella (1-5) proporcionan pruebas sustanciales sobre cómo colaboraron desde el momento en que se conocieron en 1896, hasta su separación en 1914. Ellos representan a una pareja unida por una pasión compartida hacia la física, la música y el uno por el otro. Así que aquí está su historia.

Mileva Mari? nació en Titel en Serbia en 1875. Sus padres, Marija Ruzi? y Miloš Mari?, un adinerado y respetado miembro de su comunidad, tuvieron otros dos hijos: Zorka y Miloš Jr. Mileva asistió a la escuela secundaria en Serbia el último año en el que se aceptó la participación de mujeres. En 1892, su padre obtuvo la autorización del Ministro de Educación para permitirle asistir a conferencias de física reservadas al sexo masculino. Ella terminó su secundaria en Zúrich en 1894 y su familia se mudó a Novi Sad. Los compañeros de clase de Mileva la describieron como brillante, pero callada. Le gustaba llegar al fondo de las cosas, era perseverante y trabajaba por sus metas.

Albert Einstein nació en Ulm, Alemania, en 1878 y tenía una hermana, Maja. Su padre, Hermann, era un industrial. Su madre, Pauline Koch, provenía de una familia rica. Albert era inquisitivo, bohemio y rebelde. Al ser indisciplinado, odiaba el rigor de las escuelas alemanas por lo que también terminó su escuela secundaria en Suiza y su familia se mudó a Milán.

Albert y Mileva fueron admitidos en la sección de física y matemáticas del Instituto Politécnico de Zúrich (ahora ETH) en 1896 con otros tres estudiantes: Marcel Grossmann, Louis Kollros y Jakob Ehrat. Albert y Mileva se volvieron inseparables, pasando innumerables horas estudiando juntos. Él prefería estudiar en casa por lo que asistió solo a unas pocas clases. Mileva fue metódica y organizada. Ella le ayudó a canalizar su energía y guió sus estudios, según lo que se desprende de las cartas de Albert intercambiadas entre 1899-1903 durante días de vacaciones escolares: 43 cartas de Albert a Mileva se han preservado, pero solo 10 de ella permanecen(5). Estas cartas cuentan de primera mano la historia de cómo interactuaron en ese momento.

En agosto de 1899, Albert escribió a Mileva: Cuando leí Helmholtz por primera vez, me pareció tan extraño que no estuvieras a mi lado y hoy, esto no está mejor. Encuentro que el trabajo que hacemos juntos es muy bueno, curativo y también más fácil. Luego, el 2 de octubre de 1899, escribió desde Milán:… el clima aquí no me conviene en absoluto, y cuando falto al trabajo me lleno de pensamientos oscuros. En otras palabras, echo de menos tenerte cerca para que me mantengas gentilmente en control y evites que divague.

Mileva vivía en una pensión para mujeres donde conoció a sus amigas de toda la vida Helene Kaufler-Savi? y Milana Bota. Ambas hablaron de la presencia continua de Albert en su hogar, donde libremente tomaba prestado libros en la ausencia de Mileva. Milan Popovi?, nieto de Helene, publicó las cartas que Mileva intercambió con ella durante toda su vida (4).

Al finalizar sus clases en 1900, Mileva y Albert tenían calificaciones similares (4,7 y 4,6, respectivamente), excepto en física aplicada donde ella obtuvo la máxima puntuación de 5, pero él solo 1. Ella sobresalió en el trabajo experimental, mientras que él no lo hizo. Sin embargo, en el examen oral el profesor Minkowski dio un 11 de 12 a los cuatro estudiantes varones, pero solo 5 a Mileva. Únicamente Albert obtuvo su título.

Mientras tanto, la familia de Albert se opuso firmemente a su relación. Su madre era inflexible. “¡Cuando tengas 30 años, ya ella será una vieja bruja!,  reportó Albert a Mileva en una carta fechada el 27 de julio de 1900, así como no puede entrar en una familia respetable. Mileva no era ni judía ni alemana. Era coja y demasiado intelectual, según la madre de Albert,  por no mencionar los prejuicios contra la gente extranjera. Además, el padre de Albert insistió en que su hijo debía encontrar trabajo antes de casarse.

En septiembre de 1900, Albert escribió a Mileva:Espero con ansias reanudar nuestro nuevo trabajo común. Por ahora debes continuar con tu investigación–cuán orgulloso estaré de tener a una doctora como esposa mientras yo solo seré un hombre común. Ambos regresaron a Zúrich en octubre de 1900 para comenzar su trabajo de tesis. Los otros tres estudiantes recibieron puestos de asistente en el Instituto, pero Albert no. Sospechaba que el profesor Weber lo estaba bloqueando. Sin trabajo, se negaba a casarse con ella. Se las ingeniaban económicamente dando lecciones privadas y continuaron viviendo y trabajando como antes, tal como escribió Mileva a su amiga Helene Savi?.

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Post completo en: Investigación y Ciencia

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