La inteligencia, la herencia y la madre

Todo comenzó hace más de cuatro décadas, a principios de los setenta, cuando el psicólogo Robert Lehrke, del Hospital Estatal de Brainerd, en Minnesota, publicó un artículo que resumía su tesis doctoral y presentaba una teoría, así lo llama el autor, sobre el desarrollo de la inteligencia. Trabajaba en un centro para discapacitados intelectuales y había encontrado que muchos genes relacionados con el desarrollo de la inteligencia y, en concreto, con las habilidades verbales y con la percepción de las relaciones espaciales, se localizaban en el cromosoma X que, de los cromosomas sexuales que todos llevamos, es el que viene de la madre.

Ahora y desde hace un par de años, abundan las noticias en los medios y las entradas en blogs que afirman que los genes más importantes de la inteligencia de los niños se heredan de la madre. En la red esta noticia es viral y, por ello, a muchos nos gustaría conocer que hay de cierto en ella.

Según esos escritos, los padres tendrían poco que ver en la determinación del cociente de inteligencia (CI) de sus hijos. No hay evidencias claras y rotundas de que exista esta herencia de la inteligencia entre madre e hijo. Los últimos estudios apuntan algo que es evidente: los genes de la inteligencia llegan tanto de la madre como del padre. Sin embargo, seguimos sin conocer con claridad y detalle el proceso debido a lo compleja que es la inteligencia.

Nuestra especie tiene en cada célula, excepto en las reproductoras, 46 cromosomas o, con más precisión, 23 pares de cromosomas, y en cada pareja de cromosomas, uno es del padre y otro es de la madre. Todos los pares están formados por cromosomas iguales y repetidos, excepto el par 23 formado por los cromosomas sexuales, que son diferentes según el sexo de la persona. Si es una mujer, tiene dos cromosomas iguales llamados X, y es por tanto un par XX. En los hombres, los cromosomas son diferentes, uno es X, que viene de la madre, y el otro es Y, que viene de padre y, por tanto, es un par XY. En conclusión, el par de cromosomas 23 de una mujer es XX, y el de un hombre es XY.

Cromosomas X (izquierda) e Y (derecha)

Por tanto, en un hombre el X viene de la madre y el Y viene del padre. Lehrke dice que hay muchos genes relacionados con la inteligencia en el cromosoma X que, si mutan y no funcionan bien, provocan la discapacidad intelectual en el hombre. Para 2010 ya había unos 300 genes localizados en el cromosoma X y relacionados con la discapacidad intelectual, según la revisión de Ulrich Zechner y su grupo, de la Universidad de Ulm, en Alemania. Ello supone que en el cromosoma X hay seis veces más genes relacionados con la inteligencia que en el resto de cromosomas. Además, suponen el 10% de todos los genes del cromosoma X.

En las mujeres que, repito, tienen dos cromosomas X, si falla un gen en uno de ellos se suple con el funcionamiento del mismo gen en el otro cromosoma X. Solo si falla en los dos cromosomas X aparece la discapacidad intelectual en la mujer. Hay entre un 30% y un 50% más de discapacitados intelectuales entre los hombres y se ha propuesto que es por esta causa: no tienen dos copias de los genes del cromosoma X y, si falla una de ellas, no pueden suplir el funcionamiento del que no lo hace bien. Así lo afirman Gillian Turner y Michael Partington, de los hospitales de Niños Príncipe de Gales de Sidney y de los Suburbios Occidentales de Newcastle, ambos en Australia.

Por cierto, si hay algún gen relacionado con la inteligencia en el cromosoma Y, típico del hombre, y muta, tampoco hay repuesto ya que solo hay una copia de este cromosoma.

También se ha propuesto la hipótesis de que esta presencia de genes relacionados con la inteligencia en el cromosoma X quizá tenga relación con el sexo y, en el proceso de la evolución, se ha seleccionado así porque una mayor inteligencia permite una mejor reproducción y, por tanto, un mayor éxito evolutivo. O sea, los hombres y las mujeres más inteligentes se reproducen mejor. Es otra hipótesis.

También se ha confirmado que la distribución en una gráfica de los CI de hombres y mujeres no es exactamente igual. Ambas tienen forma de campana, con un mayor número de hombres y mujeres con un CI medio y un número mucho menor con un CI muy alto o muy bajo. Pero esta campana en los hombres es más plana y alargada en los dos extremos. Implica que hay menos hombres con un CI medio y más número que en mujeres con un CI muy bajo, que son los discapacitados intelectuales que ya he mencionado, o con un CI muy alto. Se ignora como el cromosoma X, si es que lo hace, interviene para que existan esos CI altos.

Quizá ya ha llegado el momento de ver de qué estamos hablando y, para ello, transcribo una definición de inteligencia fechada en 1997 y apoyada por 52 expertos:

Inteligencia es una capacidad muy general que, entre otras cosas, incluye la habilidad para razonar, planificar, resolver problemas, pensar en abstracto, comprender ideas complejas, aprender con rapidez y aprender de la experiencia. No es solamente aprender de los libros o la competencia académica o la rapidez en responder tests. Más bien refleja una capacidad amplia y profunda para comprender nuestro entorno, captarlo, dar sentido a las cosas o imaginar lo que son. Inteligencia, así definida, se puede medir, y los tests de inteligencia lo hacen bien.”

A la izquierda Aage Bohr (premio Nobel de física 1975) con su padre Niels (premio Nobel de física 1922)

Según los neurobiólogos y los psicólogos, la inteligencia se hereda de una generación a la siguiente, pero en qué porcentaje se hereda y cuánto varía por causas del entorno como la alimentación, la educación o el ambiente en la infancia y adolescencia, se ignora. El porcentaje, según cada autor, va del 30% al 80%. La inteligencia es compleja en cuanto al número de genes implicados. Sabemos más de lo que perjudica a la inteligencia a causa de genes mutados que no funcionan bien y que llegan a 300 en el cromosoma X, como antes he mencionado. En conclusión, en muchas de las revisiones más recientes ni siquiera se menciona la herencia de la madre pues, aparte de las propuestas de Lehrke, poco más se ha averiguado sobre la función de esta herencia materna en la inteligencia de los hijos.

En un estudio del grupo de Min Zhao, de la Universidad de Pekín, aparece la revisión de la bibliografía sobre los genes relacionados con la inteligencia que conocemos hasta ahora. Hay 158 genes localizados y el 16% están en el cromosoma X.

Para terminar, y como hacen Jozef Gecz y John Mulley, de la Universidad de Adelaida, en Australia, podemos especular que, para conseguir que un órgano tan complejo como el cerebro funcione con normalidad, requiere no uno, ni dos, sino cientos o miles de genes integrados de tal manera que sus productos funcionen coordinados. Además, estas interacciones complejas deben mantenerse en equilibrio incluso bajo una enorme variedad de estímulos del entorno. Por el contrario, el fallo de un solo gen, como ocurre en el cromosoma X, puede romper catastróficamente el equilibrio y provocar una discapacidad más o menos grave.

En muchas entradas de blogs que tratan este asunto y que antes mencionaba, se cita como prueba de la herencia materna un estudio hecho en Glasgow, con 12686 voluntarios entre 14 y 22 años, en el que se compara su CI con el de sus madres, y se llega a la conclusión de que el 15% de la inteligencia de los jóvenes viene de su madre. Parece que es un trabajo del grupo de Ian Deary (grupo que ya he citado dos veces en este texto, en Deary et al, 2010, y Davies et al, 2015), de la Universidad de Edimburgo, que trabaja en neurociencia de la inteligencia desde hace años y con resultados muy interesantes.

Pues bien, este estudio tan citado en los blogs parece que no existe y no lo encuentro ni preguntando a los autores que, por lo que cuentan, tampoco saben cuál es su origen. Lo más parecido, con los 12686 voluntarios, es una investigación de este grupo sobre la relación de la inteligencia del niño con la lactancia materna. Los autores llegan a la conclusión de que la relación es con la inteligencia de la madre y que las madres con el CI alto dan más de mamar a sus hijos. Es la influencia de la alimentación en el desarrollo del niño que antes mencionaba. Pero lo del 15% de herencia materna no lo encuentro ni en esta ni en ninguna otra publicación. Me declaro incapaz de conseguir localizarla.

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Post completo en: Cuaderno de Cultura Científica

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