Historia Evolutiva de la División sexual del trabajo

La división sexual del trabajo, que tantos problemas nos está dando hoy en día, tiene una historia evolutiva aunque esta historia no ha sido prácticamente estudiada por casi nadie. El origen de este rasgo particularmente humano se ha explicado habitualmente con que los hombres se dedicaron a cazar y ya está, apareció la división por sexos del trabajo y no hay mucho más que explicar. Alguien que sí se ha ocupado del tema, aunque sea brevemente, es Bernard Chapais en su libro Primeval Kinship y en esta entrada voy a exponer su visión del asunto.

Para Chapais esta división del trabajo tiene dos aspectos, uno es el más evidente, la diferencia entre los sexos en las actividades que supervivencia que realizan, y el otro es el hecho de compartir la comida que se da por supuesto también porque va unido al primero. Pero parejas unidas por un vínculo de monogamia  han compartido la comida de una forma cooperativa antes de que se especializaran en realizar diferentes actividades de subsistencia. Compartir los alimentos no requiere que exista una especialización sexual. En teoría, hombres y mujeres podrían recoger similares tipos de comida. La especialización sexual es una dimensión más (y posterior) del aprovisionamiento conjunto y requiere una explicación propia. Chapais propone que hay dos pasos (aprovisionamiento conjunto intrafamiliar seguido de especialización sexual) en lugar de que las dos cosas, compartir la comida y la especialización sexual aparecieran a la vez.
Compartir la comida dentro de la pareja requiere dos condiciones: la capacidad de acarrear comida y la capacidad de encontrarse en un lugar común donde la comida pueda ser compartida. Si no se transporta la comida, sólo es posible comer conjuntamente en el lugar donde se encuentra la comida. Este fue probablemente el primer estadio del reparto (sharing) y muchos primates no humanos realizan esta comida en común en el sitio (cofeeding in the spot), pero el transporte enriquece considerablemente este fenómeno básico. Tan pronto como las manos de los homínidos quedaron libres fue posible “hacer acopio”, es decir, recopilar comida que iba a ser comida luego en otro lugar. Sea que los beneficios de transportar comida seleccionaran para la bipedestación o que la bipedestación evolucionara por razones que no tiene que ver con el acarreo de comida, el hecho es que la bipedestación y la capacidad de acarrear comida son concomitantes. La invención de “contenedores” sería un desarrollo posterior.
Por otro lado, sin un lugar común para compartir la comida las parejas no se encontrarían a menos que viajaran juntas. El reparto cooperativo no precisa de la existencia de un lugar fijo de “aprovisionamiento” (o protohogar), este reparto podría ocurrir en lugares constantemente cambiantes, como árboles, siempre que las parejas se mantuvieran a la vista. Pero entonces ¿para qué acarrear o recopilar comida? Una explicación podría ser la evitación de depredadores. Chimpancés que viven en Senegal en zonas mixtas de sabana y bosque concentran su actividad en claros del bosque y se mueven muy rápido y en estado de alerta  cuando van a las partes más abiertas de su entono  donde hay poca protección (árboles) contra depredadores. Los homínidos que vivieron en esas localizaciones podrían haber aprovechado su ventaja de acarrear comida como un medio para transportarla a lugares más seguros. Recopilar habría sido lo que los primates bípedos habrían aprendido a hacer cuando querían comer lejos de los depredadores. Bipedestación + presión de los depredadores > acarrear.
Esto nos lleva al origen del reparto intrafamiliar de la comida, el primer componente de la división sexual del trabajo (hay que precisar que Chapais parte de la existencia previa ya de vínculos de pareja, tema que ha explicado previamente en el libro). Una explicación sencilla de este reparto es que es una propiedad emergente de dos fenómenos:  el vínculo de pareja y el juntarse. El hecho de acarrear y  juntarse implica que una cierta cantidad de comida va a ser traída al lugar de encuentro. Esto origina una situación favorable al reparto pasivo de comida. Comer colectivamente del mismo trozo de comida  es lo mismo que comer conjuntamente en el lugar donde se encuentra sólo que la comida se ha llevado a “casa”. En otras palabras, la práctica de comer conjuntamente de los primates no humanos actuó como una preadaptación para el reparto pasivo de comida que había sido recopilada. Por otro lado, la pareja y familiares cercanos estaban más disponibles en la proximidad para realizar este reparto que otros individuos.
También se ha observado que en primates no humanos la tolerancia es mayor hacia familiares cuando hay comida cerca que podría ser defendida y que la amistad a largo plazo entre machos y hembras da lugar a interacciones afiliativas y proximidad. Juntando estos factores, desde el momento en que individuos que tienen un vínculo de pareja empiezan a recopilar y acarrear están sesgados para implicarse en un reparto pasivo. Y el reparto pasivo de comida que ha sido recogida es, de hecho, una forma de aprovisionamiento en común (recopilar + vínculo de pareja > aprovisionamiento en común). Según este punto de vista, las parejas de homínidos  compartían comida entre sí mucho antes de que se especializaran en diferentes actividades de subsistencia. Y esto ocurrió así simplemente porque eran bípedos que recogían comida regularmente y se mantenían en proximidad el uno del otro.
Ahora vamos con el segundo componente, la especialización sexual. Para que la especialización sexual surgiera a partir de esta situación en la que parejas de machos y hembras están ya compartiendo  comida pasivamente lo único que tiene que ocurrir es que un sexo muestre un sesgo hacia recoger ciertos tipos de comida. Es interesante que este sesgo existe ya en los chimpancés. Las hembras pasan más tiempo que los machos “pescando” termitas y partiendo nueces con martillo y yunque. Estas actividades son compatibles con el cuidado materno y la monitorización de las crías. Por contra,  la caza es esencialmente una actividad masculina. Los machos son responsables del 70-90% de la caza dependiendo de la población estudiada. Los machos cazan presas que son más difíciles de cazar como monos columbus, con más frecuencia que las hembras mientras que éstas cazan  pequeñas presas con más frecuencia (pequeños ungulados).
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Post completo en: La Nueva Ilustración Evolucionista

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