Envidia de los economistas a los físicos

Según Wikipedia “Physics envy” se da entre los académicos en “soft sciences” ante las dificultades de expresar sus conceptos fundamentales con la precisión matemática obtenida por los físicos, principalmente  desde Isaac Newton‘s Principia MathematicaEntre las ciencias sociales esta envidia física ha afectado especialmente a un número significativo de economistas macro, micro y especialistas en gestión empresarial, sobre todo en el campo financiero y desde los inicios de loa pasada crisis.

En 2010 dos profesores del MIT, Lo y Mueller, avisaban que esta dolencia podía afectar seriamente  a la salud de los que la padecen (http://mitsloan.mit.edu/media/Lo_PhysicsEnvy.pdf). “El fallo no está en nuestros modelos, sino en nosotros mismos; … falla cuando la lógica económica olvida que el comportamiento humano no es, ni de lejos, tan predecible como el de los fenómenos físicos.”

Hace unos meses hice una referencia a estos temas (http://blog.antoniopulido.es/la-alquimia-la-econofisica/) con motivo de la publicación del libro de Mervyn King, El fin de la alquimia: dinero, banca y el futuro de la economía global. Una idea clave es que la acción económica se desarrolla en condiciones de incertidumbre radical (ignorancia de futuro que no puede cualificada en términos de probabilidad).

Mi posición personal es intermedia entre un escepticismo que considera alquimia económica todo intento de adentrarse en el futuro y el espejismo de ver posible una econofísica (p.ej.http://wef.ch/2ao7VQV).

Como se ha dicho, la física sería mucho más dura si nos imaginamos que los electrones tuvieran sentimientos y la economía trata permanentemente con decisiones y sentimientos de individuos, gobiernos y empresas. En física la incertidumbre es reducida a la hora de mandar una nave espacial  a la luna. En economía comprender, predecir y controlar tiene que hacerse en condiciones de elevada incertidumbre, lo que implica fallos por muy evolucionados que sean los modelos matemáticos que se utilicen y las bases de datos que los alimenten.

Ya hace más de 50 años un economista de la Universidad de Chicago, Frank Knight, diferenciaba la aleatoriedad que afecta a la economía debida a riesgos, que consideraba tratables con análisis estadístico, y aquella que es consecuencia de una  incertidumbre en que eran desconocidas las probabilidades de ocurrencia de posibles resultados.

En el trabajo comentado de Lo y Mueller se propone una taxonomía de la incertidumbre aplicable a los diferentes campos del conocimiento:

  1. Certeza completa (la física clásica en un mundo determinista gobernado por las leyes de Newton)
  2. Riesgo sin incertidumbre (distribución de probabilidad conocida, como en la ruleta de un casino)
  3. Incertidumbre plenamente reducible (modelos alimentados con datos que proporcionan diferentes soluciones con probabilidades calculables)
  4. Incertidumbre parcialmente reducible (modelos estocásticos con parámetros variables en el tiempo, relaciones no lineales complejas, no-estacionariedad,…; campo habitual de juego de los economistas)
  5. Incertidumbre irreductible (ignorancia que no puede ya reducirse con más datos o modelos más sofisticados, sino que sólo admite imaginación; terreno de filósofos y líderes religiosos)
  6. Incertidumbre Zen (intento de interpretar la incertidumbre como meras ilusiones a sufrir)

Comparto su diagnóstico final de que la economía puede estar más cerca de la metereología que de la física, sin que ello deba desanimarnos. Con una información creciente en calidad y cantidad, aplicable a modelos más elaborados y contrastados, podemos explicar e incluso predecir los cambios de tiempo económico, como los meteorólogos lo hacen con el tiempo atmosférico.

Fallaremos, como ellos, a la hora de predecir lluvia por cambios inesperados pero, a pesar de todo, será más útil trabajar en reducir  los sobresaltos de una incertidumbre que no podemos eliminar, en lugar de sufrir de envidia física y negarnos a adelantar el tiempo futuro por miedo a errar.

Post completo en: Antonio Pulido

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