El ADN demuestra que la pitonisa Pilar Abel ni es hija de Dalí ni es vidente

Los resultados de la prueba del ADN “permiten excluir a Salvador Dalí como padre biológico de María Pilar Abel Martínez”, según el dictamen emitido por el Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses, informa la Fundación Gala-Salvador Dalí en su web. El análisis genético de la mujer, pitonisa, y de los restos del pintor surrealista demuestra, además, que la segunda no es vidente. Porque, seamos serios -es una forma de hablar-, que vayas de vidente por la vida y no sepas quién es tu padre lo dice todo de tussuperpoderes y si encima no eres capaz ni de prever el resultado que dará una prueba de ADN…

“Esta conclusión no es ninguna sorpresa para la Fundación, puesto que en ningún momento ha habido indicio alguno de la veracidad de una pretendida paternidad. La inusual e injustificada decisión judicial de practicar la exhumación (de los restos de Dalí) se confirma como totalmente inadecuada y desproporcionada, poniendo en evidencia su total improcedencia y la inutilidad de los costes y perjuicios de todo tipo que ha ocasionado, respecto a los cuales la Fundación reitera la expresa reserva de acciones”, ha apuntado la entidad. Pilar Abel, de 61 años y tarotista bajo el nombre artístico de Jasmine, aseguraba hasta ahora que su madre tuvo relaciones sexuales con Dalí cuando trabajaba como sirvienta en casa de unos amigos del pintor en Cadaqués. Después de quedarse embarazada, decía, se casó con otro hombre y, años más tarse, su abuela le dijo que su padre era el artista.

Los videntes suelen tener una extraordinaria incapacidad para ver su futuro. Al pobre Rappel, de profesión sus túnicas, tampoco le sirvió para mucho en su día ir por la vida de adivino. En octubre de 1994, contaba El Paísentonces, “fue víctima, junto a su secretario, José María Monzón, de un robo en su domicilio. Los ladrones, armados con un cuchillo y una pistola simulada, les maniataron y amordazaron. Bisutería y objetos esotéricos, de escaso valor económico, constituyeron la mayor parte del botín”. No fue la única vez. Según revelaba hace unas semanas a El Economista, pocos años después le asaltaron en plena calle cuando estaba en el coche. “Los atracadores me quitaron todo: la documentación, el coche y la ropa. Me dejaron desnudo en mitad de la calle Velázquez. Sin calzoncillos. ¡Me quitaron todo! Yo vivía en la calle Ayala y tuve que salir corriendo hasta llegar a mi casa en pelota picada”, lamentaba el adivino.

Y todavía hay quien se toma en serio a estos engañabobos.

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