Del miedo a los avances científicos

Desde que el hombre es hombre, desde el primer avance tecnológico de la humanidad, el miedo a lo nuevo y lo desconocido ha contribuido a colocar palos en las ruedas a la ciencia, usando para ello como únicos argumentos la superstición y las creencias. Por suerte, el paso del tiempo ha ayudado a derribar las barreras de la ignorancia y cosas que hasta no hace mucho la sociedad consideraba potencialmente peligrosas, han sido aceptadas e incorporadas a nuestra vida cotidiana. Pese a esta experiencia del pasado, nuevos avances del presente siguen generando miedo y rechazo.

El pasado

Uno de los grandes avances tecnológicos que contribuyó a la revolución industrial fue el desarrollo del ferrocarril. James Watts inventó el motor de vapor a mediados del siglo XIX, registrando la primera patente de su descubrimiento en 1769. La primera locomotora funcional se presentó en Inglaterra en 1825 con el nombreSalamanca, pero no fue hasta 1830 cuando se inauguró la primera línea comercial entre Liverpool y Manchester.

Locomotora Salamanca (fuente).

Como ocurre con tecnologías acabadas de surgir, el ferrocarril empezó a despertar las suspicacias de distintos sectores sociales. Estas dudas sobre sus posibles efectos nocivos en la salud y el medio ambiente se vertebraron en tres frentes distintos: rechazo científico, social e institucional.

Rechazo científico

Pasaron pocos años desde que los primeros científicos se apuntaron a alimentar el miedo a las nuevas líneas de ferrocarril. Por ejemplo, en 1835 los miembros de la Academia de Medicina de Lyon se preguntaban «si valía la pena arriesgarse a subir a un tren y padecer daños en la retina y problemas en la respiración debido a la alta velocidad, y a que las mujeres embarazadas pudieran sufrir abortos involuntarios debido a las sacudidas.»

En febrero de 1862, la prestigiosa publicación médica The Lancetpublicaba una serie de artículos sobre los peligros de viajar en tren, entre los que se analizaba su efecto en el cerebro y el útero, así como los daños que podía provocar un número excesivo de viajes.

Rechazo social

La expansión del ferrocarril en Inglaterra tuvo una gran contestación social. Por un lado estaban los grupos que tenían miedo a esta nueva tecnología y protestaban cuando había rumores de que una nueva línea iba a pasar cerca de sus casas (incluso aunque fuera a varios kilómetros de distancia). También hubo acciones de protesta de asociaciones que, pese a no estar en contra del ferrocarril en sí, temían el efecto que pudiera causar en el paisaje. Posteriormente, las protestas se canalizaron hacia las empresas que monopolizaban la construcción del ferrocarril.

A este rechazo social también contribuyeron los primeros accidentes ferroviarios. La primera muerte debida a un tren fue la de un parlamentario de Liverpool,William Huskisson, al intentar éste subir al tren en marcha. Pero sin duda el caso más conocido por su presencia en los medios fue el de Charles Dickens, que estuvo a punto de morir al descarrilar el tren en que viajaba en un puente, siendo el vagón en el que iba el escritor el único que no cayó al río.

… …

Post completo en: El   blog de Melquíades

Share

0 comments